|
Al hablar de Laponia, todos sentimos algo especial. En
realidad, no se trata de un Estado, sino de una unidad
geográfica que abarca a tres países (Suecia, Finlandia y
Noruega), que se extiende por encima del Círculo Polar
Ártico, una línea imaginaria que para muchos es un sueño
atravesarla. En este vasto territorio, la aventura y el
descubrimiento de una naturaleza impresionante cautiva a
cualquiera. Una opción perfecta para un viaje distinto.
Laponia es el reino de la nieve y los renos. Un
silencio absoluto acompaña nuestros primeros pasos. Nada más
aterrizar en Luosto (Finlandia) comprobamos que estamos
en un lugar distinto. Estamos a los pies de la montaña de
Luostotunturi, en un Parque Natural que se extiende a través
de más de 3.800 hectáreas. Es el punto de inicio de nuestro
viaje por estas tierras, entre lagos casi helados, bosques y
pequeños pueblos con casas de madera que convierten todo lo
que se ve en una postal, en una imagen casi irreal.
Es conveniente también que abramos los oídos y escuchemos
las conversaciones de los amables ¿saami¿, como les gusta que
se les llame a los lapones. Ellos nos cuentan leyendas de
Santa Claus, de las Sagas y los tradicionales duendecillos, de
las brujas benévolas y los gnomos que habitan entre los
árboles de unos bosques que parecen de otro tiempo.
A 100 kilómetros de Luosto está Rovaniemi, conocida
por ser el hogar de Santa Claus. Se trata de un lugar
fascinante que atrae la mayor parte del turismo de la zona. Su
Parque de Atracciones propone numerosas actividades,
siendo el único del mundo que está construido bajo una
montaña. No son, sin embargo, sólamente los niños los que
disfrutan en Rovaniemi, ya que aquí la imaginación ha
alcanzado el poder y se realizan lunas de miel y
aniversarios de boda en plena naturaleza, con
celebraciones especiales protagonizadas por los lapones. Está
claro que es una forma distinta de celebrar el amor.
Estos terrenos parecen muchas veces salvajes, pues los
recorremos sin apenas tropezarnos con alguien en algunas
horas. Mientras, vamos pensando en el tradicional ceremonial
de la sauna: albornoz, vapor natural y una inmediata ducha
fría. Aquí han hecho de ello casi una religión.
Otra de las opciones interesantes es Ivalo, uno de
esos poblados que antaño sucumbieron ante la fiebre del oro.
Laponia ha sido tradicionalmente muy rica en hierro y cobre,
pero Ivalo tuvo la fortuna de tener minas de oro, cuyo
recuerdo permanece en el curioso Museo del Oro. Muy cerca de
Ivalo está Saariselka, un vasto y enorme parque natural
que está muy bien dotado de infraestructura turística. Sin
embargo, si no queremos los ¿resorts¿ al uso, podemos optar
por la increíble experiencia de alojarnos en granjas,
conviviendo con los lugareños y alejados totalmente de la
civilización. También podemos optar por las inconfundibles
cabañas finlandesas, completamente construidas en madera de
pino. Una experiencia única.
En nuestro recorrido por Laponia también conviene dar el
salto de Finlandia a Noruega. Y es que el llamado
Nordkapp (Cabo Norte), el punto más septentrional del
Europa, es una visita obligatoria. ¿Estoy en el Cabo Norte,
donde termina el mundo y mi curiosidad?. Así resumió sus
impresiones el primer hombre que pisó este cabo, el italiano
Francesco Negri, en el año 1664.
El Cabo Norte es un lugar de peregrinaje. Después de
atravesar el túnel de 6,8 kilómetros que une la isla de
Mageroya con la tierra firme, llegamos al monumento del Globo
Terráqueo que está junto al acantilado. Una fotografía aquí es
el mejor recuerdo que podemos conservar de nuestra estancia en
el techo de Europa. En este promontorio desolado los
vientos soplan con fuerza, pero excita los sentidos el pensar
que estamos aquí arriba. Es una experiencia inolvidable.
|